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Comunico que a partir de las 12 horas del día 7 de diciembre del 2000 iniciaré una huelga de hambre indefinida.

Debido a la persistencia de la situación altamente represiva que se está viviendo tanto dentro como fuera de las prisiones y desde la legitimidad que me confiere el derecho inalienable del individuo a rebelarse ante la prepotencia y la arrogancia de quienes ejercen el Poder, comunico que a partir de las 12 horas del día 7 de diciembre del 2000 iniciaré una huelga de hambre indefinida por las razones y contenidos que a continuación vienen expuestos.

Desde hace algunos años venimos observando un importante recrudecimiento de la acción represiva de los Estados imperialistas europeos dirigida a criminalizar y cercenar el activismo de movimientos sociales y políticos, entre ellos el movimiento anarquista muy arraigado en países marcados por continuas luchas obreras y revolucionarias como es el caso del Estado español, Italia o Grecia.
Se mire donde se mire el panorama es desolador. La reestructuración del capitalismo impulsado por el empleo a gran escala de las tecnologías telemáticas ha abierto nuevas contradicciones que muy difícilmente los gobiernos podrán subsanar mediante el uso de políticas de consenso. Los Estados y por extensión la sociedad en su conjunto han tenido que amoldarse, a trancas y barrancas a las nuevas exigencias del capitalismo cada vez más excluyente.

El abaratamiento de los costos de producción, el índice cada vez más alto de desempleo, la flexibilidad y la precarización del trabajo cuya consecuencia más inmediata ha sido la proletarización de amplios sectores sociales tradicionalmente próximos a la clase media, la contratación de mano de obra barata procedente de los países del tercer mundo, el desmantelamiento del estado del bienestar sobre el cual se asentaba el pacto social alcanzado entre proletariado y burguesía son aspectos concluyentes de una realidad que deja de presagiar no solo un futuro incierto para tod@s aquell@s que aún toman parte en el proceso de producción y que han quedado atrapados entre la esclavitud del trabajo y la angustiosa amenaza de ir a engrosar las listas de paro, sino también una muy probable radicalización del conflicto de clases.

La incertidumbre y la imprevisibilidad del futuro, el elevado número de excluid@s del proceso productivo relegados al borde de una vida mísera y de subsistencia, ponen en entredicho el sistema de explotación. Así describe con abrumador realismo el escritor francés Jacques Attali este nuevo escenario que se va perfilando a un ritmo muy acelerado en el occidente opulento:
"Lo que han barrido no ha sido Europa, sino una cierta manera de pensar el orden social, un capitalismo totalmente nuevo está a punto de surgir, un capitalismo global que modificará profundamente el papel de los Estados y naciones en el mundo. Un capitalismo impulsado por fuerzas nuevas de donde emergerá una nueva élite y en donde serán proletarizadas el conjunto de las clases tradicionales, pronto no quedará en lugar de los asalariados sino un vasto proletariado desclasado; una superclase triunfante flotará sobre las aguas fangosas de la miseria y el precio del éxito de unos pocos se paga con la marginación de la mayoría y con la violencia de los desclasados".

Ante esta inquietante radiografía social los estados muestran serias dificultades a la hora de conservar el consenso en torno a sus instituciones y las crecientes protestas populares, algunas de las cuales se desmarcan netamente de la línea de actuación oficial de partidos y sindicatos "obreristas" domesticados y fieles servidores de sus amos, eligiendo formas de lucha autónoma y autogestionadas, lo demuestra.

¿Pues, cual es la fórmula adoptada por los estados para contener, dentro de unos límites tolerables el descontento general y la radicalización de las luchas sociales?.

Ni más ni menos que otorgar a sus órganos represivos todo el poder necesario para hacer frente a esta naciente situación, con un correspondiente énfasis obsesivo y paranoico en el perfeccionamiento de su maquinaria para la "lucha antiterrorista" y "el orden y la ley", eufemismos políticos para el control y la eliminación de todos l@s disidentes reales, en potencia o imaginarios.

El hecho de que esta represión utilice o no sus instrumentos de guerra (policía, pelotas de goma, balas de plomo, montaje judiciales, detenciones arbitrarias etc.) depende del nivel que haya alcanzado la lucha de clases.

Está a la vista de todo el mundo el gran despliegue de todos sus poderosos medios coercitivos y represivos del que el estado está haciendo gala en los últimos tiempos, señal inequívoca de que el conflicto entre explotados y explotadores ha aumentado considerablemente. Las primeras "víctimas" de las embestidas represivas del estado son, naturalmente l@s proletari@s rebeldes que han tomado conciencia de su condición de explotad@s y oprimid@s y acuden en primera línea a la lucha contra el poder y todas sus expresiones.

Entre el proletariado insurgente están l@s anarquistas, insumis@s declarad@s a la imposición del estado y el capital y provistos de un proyecto político y social curtido en las tesis socialistas según las cuales l@s trabajador@s, que son l@s únic@s productor@s de riqueza social pueden y deben emanciparse del dominio de la burguesía capitalista para ser, una vez por todas dueños de sus vidas y de su futuro.

Quien tenga, aunque solo sea un somero conocimiento de los principios que animan el anarquismo sabrá que en el antiautoritarismo más visceral y en el anticapitalismo se fundamenta la teoría y la práctica anárquica.

L@s anarquistas son enemig@s confesad@s de todas las jerarquías, de cualquier imposición y dominio, venga de donde venga y se llame como se llame; apologetas de la vida y la libertad, de la autodeterminación y la independencia del individuo y de los pueblos al que pertenece, deseamos una sociedad autogestionada como la única base sobre la cual podemos construir un mundo más justo, equitativo y libertario.

Es aquí pues, cuando el proletariado se prepara para tomar la iniciativa ante el despertar de sus ansias emancipadas, como ya lo hizo en numerosas ocasiones a lo largo de su existencia como clase, que el estado se quita la máscara que lleva puesta y enseña su verdadero rostro ruin, violento y criminal, por mucho que vaya disfrazado con adornos liberales y democráticos. Los métodos que utiliza el estado para acabar con las revueltas proletarias son por todos conocidos, sus manos están manchadas de sangre inocente.

A la memoria acude el infame recuerdo de los GAL, el Batallón Vasco-Español y otras bandas armadas organizadas por el estado que se dedicaban a sembrar el miedo y el terror mientras la población inerme observaba atónita como caían uno tras otro los que se habían atrevido a cuestionar el sistema y a luchar contra él. También recordamos en Italia las bombas en la Plaza Fontana de Milan o en la estación de ferrocarriles de Bolonia que causaron la muerte de centenares de personas, hechos que a día de hoy no han sido todavía esclarecidos a pesar del tiempo transcurrido desde que se consumaron esas atroces tragedias: eso si, el estado italiano llegó tan solo a reconocer la implicación de algunos de sus hombres del servicio secreto en estos actos bárbaros y criminales. Pero por mucho que lo intenten ocultar, todos sabemos la verdad: los atentados fueron planeados y ordenados desde las mas altas esferas del poder constituido: fue el terrorismo de estado quien, en el intento desesperado de contrarrestar la desbordante ofensiva revolucionaria del proletariado empeñado en cambiar y transformar la realidad radicalmente, se hizo responsable de la muerte de centenares de inocentes.

Más recientemente el estado italiano llevó a un gran número de anarquistas ante sus Santos tribunales de la inquisición acusados de formar parte de una inverosímil cuanto grotesca organización armada, jerárquicamente estructurada que contaba con desde jefes hasta lugartenientes y comandos operativos. Todo ello acompañado de una fuerte campaña de criminalización que dio lugar a una verdadera caza al anarquista. Quien quiera que pregonase la revolución y el comunismo libertario o hubiera tenido algún contacto esporádico con el anarquismo, era sistemáticamente perseguido y encarcelado. La cacería no tardó en dar resultado cobrándose la vida de l@s compañer@s anarquistas Soledad y Edoardo, muertos por "obra y gracia" del estado cuando se encontraban secuestrados en sus inmundas prisiones.

Las cosas no han cambiado. El estado sigue utilizando los montajes políticos-judiciales como arma arrojadiza para apagar los focos de resistencia proletaria que van surgiendo allá donde las contradicciones sociales son más agudas. Es el caso de los tres compañer@s anarquistas madrileños acusad@s de haber enviado unos cuantos paquetes bomba a sendos periodistas al servicio de la prensa española más reaccionaria.

La operación viene diseñada y perpetrada, como es habitual en estos casos en los despachos del ministerio del interior, la brigada provincial de información o lo que es lo mismo, la policía política se asegura que l@s acusad@s comparezcan ante la autoridad judicial encargada de abrirles las puertas de la prisión donde aprenderán lo que significa el dolor, el sufrimiento y la impotencia. ¿Las pruebas? Mantener relaciones con los anarquistas y proletarios rebeldes encarcelados.
Sin embargo, para que los montajes judiciales surjan el efecto deseado necesitan de la aportación de elementos esenciales como son el linchamiento público, el despretigio personal y político de l@s represaliad@s y la condena moral de sus actos y de su forma de ser, sentir y pensar.

Los medios de comunicación del estado juegan un papel crucial y decisivo en ese aspecto preparando el terreno para que la represión pueda actuar impunemente encargándose de criminalizar y enfangar el nombre de individuos, grupos y colectivos considerados incómodos y molestos por el poder.

El juego es de los más perversos que se puedan imaginar: los periodistas señalan y acusan, los tribunales sentencian y las cárceles ejecutan.

Estos pedagogos de la conciencia de masas, tan empeñados en demostrar lo indemostrable, es decir, que este mundo tal como está organizado es el mejor que hayamos tenido nunca, excelentes manipuladores de la realidad e inigualables artistas en distorsionarla, llaman a la mentira y a la calumnia "libertad de expresión", al linchamiento mediático "derecho de información", tachan de "terrorismo" la solidaridad activa hacia l@s represaliad@s políticos encerrados de por vida en los centros de exterminio del capital, encubren las torturas y los asesinatos que se cometen a diario en las comisarías y en las cárceles, el aniquilamiento de los proletarios rebeldes en los módulos de aislamiento bajo la insignia de preso FIES, la dispersión, la muerte lenta y agónica de l@s pres@s con enfermedades incurables y en estado terminal, amparándose en el todopoderoso y dogmático "Estado de Derecho".

Frente a un escenario que podríamos definir de Dantesco, sin pecar de dramatismo, solo caben dos posturas: o la sumisión ciega y devota al dominio capitalista o la rebelión espontánea y pasional contra todo lo que nos oprime y esclaviza.

-Cierre de los módulos de aislamiento y abolición del Fichero de Internos de Especial Seguimiento, F.I.E.S
-Fin de la dispersión
-Libertad inmediata para tod@s l@s pres@s con enfermedades incurables.

ABAJO LOS MUROS DE LAS PRISIONES!!!
VIVA LA ANARQUIA!!!

Michele Pontolillo, prisionero anarquista italiano secuestrado en el centro de exterminio de Villabona, (Asturies).

»Comunicado de Michelle Pontolillo sobre a sua greve de fome