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Aprovecho la
oportunidad de hablar a este tribunal para dar una distinta versión
de los hechos y de esta manera quitar esta imagen de frío asesino que
los medios de comunicación me han colocado desde el primer día.
No deseo justificar mi actuar a esta sala, no me importa en absoluto su opinión
o decisión, no quiero ninguna clase de trato de mis enemigos, tampoco
quiero justificarme ante la opinión pública, la misma que permite
y mira con indiferencia la diaria miseria y eliminación de miles de
personas y que se indigna por la muerte de dos policías, la que cuando
somos nosotros quienes disparamos piensa que somos asesinos y cuando es la
policía quien mata "se ha hecho justicia". En la sangrienta
guerra que impone el capital miles de individuos caen bajo las balas de las
fuerzas de Seguridad del Estado, cada día, víctimas de las diferencias
sociales y de la estrategia destructiva de la economía de mercado.
Para mantener la seguridad de los ricos, ejércitos de mercenarios son
reclutados, adiestrados, puestos estratégicamente en las calles para
vigilar, eliminar a quien no obedece las reglas que ellos nos imponen. Siempre
que se manifiesta una guerra los bancos, los grupos bursátiles, las
multinacionales del armamento, los Estados y sus intereses, están listos
para invertir dinero en esos sucios negocios, viven y proliferan para el beneficio
de pocos a costa de la miseria y la muerte de muchos seres humanos. Atacar
a esa clase social para robarle algo de su inmenso tesoro es el punto más
digno de cada proletario, es mucho mejor seguir ese camino lleno de peligros
(prisión o muerte) que llevar una vida de rodillas frente a los poderosos
por un humillante salario.
Siempre he sido un proletario, un marginado, un rebelde, un anarquista, enemigo
de este o cualquier sistema. Para mí, "la rebeldía contra
la opresión es simplemente una cuestión de estática,
de puro equilibrio: entre un hombre y otro hombre perfectamente iguales, los
hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos, no puede haber diferencias
sociales, si las hay mientras unos abusan y tiranizan, los otros protestan
y odian. La rebeldía es una tendencia niveladora y por tanto racional,
natural. Los oprimidos, los expoliados, los explotados, han de ser rebeldes,
porque han de recobrar sus derechos hasta lograr su completa y perfecta participación
en el patrimonio universal", en palabras de Francisco Ferrer y Guardia.
Este sistema percibe al rebelde como físicamente amenazador e ideológicamente
perturbador, debido a los "abusos y engaños" que se dice
que comete y al mal ejemplo de asociabilidad que podría dar. Su existencia
es disidencia a los ojos de un Estado que quiere ser fuerte y hegemónico
y que por tanto debe actuar con severidad, eliminándole o rechazándole.
Este tipo de sanción resulta hoy en día cada vez más
parecido a los campos de exterminio, intentando de esa manera destruir al
individuo mental y físicamente.
Aquel 18 de Diciembre en mi huida defendía mi propia vida y libertad.
Sabía de sobra que el enemigo no tenía escrúpulos y lo
demostró disparando. Primero a la salida del banco y luego tendiéndonos
una emboscada que habría sido mortal si no fuese por el hecho de llevar
chalecos anti-bala; mi decisión fue sencilla: mi vida o la de ellos.
Y que quede claro de una vez: nosotros fuimos ahí para llevarnos el
dinero, sin intención de matar a nadie.
Soy amante de la libertad y solamente puedo brindar mi respeto y solidaridad
hacia los que como yo tienen el valor y la dignidad de defender su propia
vida con uñas y dientes. Como enemigo de la explotación y de
la miseria no albergo ningún sentimiento de compasión hacia
quienes en el nombre del privilegio, torturan, encarcelan y asesinan.
No tengo miedo a las duras condenas. Los anarquistas la cárcel la tenemos
genéticamente en la sangre; ni miedo a la muerte, este sentimiento
ya lo he perdido hace mucho; ni miedo a los tribunales divinos, porque no
creo en ningún dios. Frente a los tribunales terrenales nunca me he
puesto de rodillas. Sólo me interesa el juicio de los más, o
sea, los compañeros que luchan por un mundo nuevo.
Y por mucho que vosotros, señores, intentéis tapar los ojos,
esta es una guerra, GUERRA SOCIAL, y cada parte llora sus caídos. Nosotros
ya hace mucho que lloramos a los nuestros.
Claudio Lavazza